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arrib.

viernes, 6 de agosto de 2010

Poemas pendientes

                                        

     Dones para donar


Te doy lo que me dieron:
aquel sagrado olor
a la tierra mojada,
y esa voz  que es el viento
entre las ramas altas.


Devuelvo lo que tuve:
los árboles hermanos,
las flores que modula
la niebla, el grillo, el pájaro
cantando en la garúa.


Ni herencia, ni legado.
Sólo pasión y tiempo.
La intensa vida, el aire,
la mañana radiante
y cielos en los ojos.


No nos llevamos nada.
¿Es que lo merecimos?
La llama del instante,
colores en el sol,
el crepúsculo juntos.


El fuego de la hoguera
donde vamos ardiendo.


¿Y veo lo que me ve?
En el momento justo,
el liso resplandor
del neto mediodía
sobre una mesa blanca.

y frutas entonadas
como parientes próximos:
la luz, la gama, el iris,
limones con bananas
y la manzana verde.


En la lluvia cabemos,
instantáneos,  de pronto,
íntimos y gregarios,
cercanos y distantes.
La lluvia es nuestro tiempo.


La canción evidente,
la palabra encarnada,
lo que llegó de afuera
porque sonaba dentro.
¿O es que no somos, lengua?


Y el fuego de la especie,
horizonte y pasado.


__________


     Consejo de lobo


Incorruptible,
lento
el amor
se posa
sobre la ciudad.


__________


      Epifanías


Como luz
suena el invierno, al sol.
Serena madurez, 
sabor desnudo
que suspende y sostiene
sin sospechar que sabe,
secreto, sólo en sí,
siente sin sentimiento,
a simple sed,
a simple ser,
solo y sumo en el sol
sagrado del silencio
seco, soberbio, suelto
sobre ese frío encendido.

___________

Rodolfo Alonso - (Argentina - 1934)
Poemas pendientes
Alción Editora - junio 2010 -

domingo, 1 de agosto de 2010

A Celeste

Concebida en las últimas lunas
de noviembre

llegaste

fruto estelar

a dibujar un horizonte
de ternura

que seguirán
mis ojos 
extasiados

hasta la última
mirada
de mi vida.

__________


M.M. Vendramini.-

El arte de narrar

Llamamos libros
al sedimento oscuro de una explosión
que cegó, en la mañana del mundo,
los ojos y la mente y encaminó la mano
rápida, pura, a  almacenar
recuerdos falsos
para memorias verdaderas.
                                           Construcción
irrisoria, que horadan los ojos del que lee
buscando, ávidos, en el revés del tejido férreo,
lo que ya han visto y que no está.
                                            Porque estas horas
de decepción,  que alimenta la rosa
del porvenir donde la vieja rosa marchita
persevera, no quedarán
tampoco entre sus pétalos,
flor de niebla, olvido hecho de recuerdos retrógrados,
rosa real de lo narrado
que a la rosa gentil de los jardines del tiempo
disemina
                        y devora.


Juan José Saer - (Argentina - 1937)
200 años de Poesía Argentina - Alfaguara - 2010-

martes, 27 de julio de 2010

Vuelvo a tu magia


Este es el tiempo

Pasó mayo, el frío
castigó los rosales amarillos.
Está vacío el bebedero de los pájaros
y una llovizna antigua
merodea la casa.

¿Dónde estás,
ahora que eres el único refugio?

__________

Cuando te vas,
desde hace tanto ya,
comienzo a vestirme de otra cosa.
Tratando de saber:
qué, quién soy.
Sin comprender,
que ya pasó la vida
de aquella que no encuentro.

__________

Este es el tiempo,
cuando el color de los agapantos
me lastima los ojos
y las constelaciones arden a las tres de la tarde.

Todo anuncia la tempestad.

Desde el sur avanza el nido de los abismos
precedido por sus voces púrpuras.

No habrá lugar sobre la tierra
donde esconder los sueños.
Ni los más efímeros,
ni los más profundos.

No habrá lucha posible,
ni refugios,
ni trueques dignos.

Desamparados aguardan los almácigos.

Y las manos no bastan.

__________

M.M. Vendramini .- 

sábado, 24 de julio de 2010

Alejo Carpentier



"Ti Noel comprendió obscuramente que aquel repudio de los gansos era un castigo a su cobardía. Mackandal se había disfrazado de animal, durante años, para servir a los hombres, no para desertar del terreno de los hombres. En aquel momento, vuelto a la condición humana, el anciano tuvo un supremo instante de lucidez. Vivió, en el espacio de un pálpito, los momentos capitales de su vida: volvió a ver a los héroes que le habían revelado la fuerza y la abundancia de sus lejanos antepasados del África, haciéndole creer en las posibles germinaciones del porvenir. Se sintió viejo de siglos incontables. Un cansancio cósmico, de planeta cargado de piedras, caía sobre sus hombros descarnados por tantos golpes, sudores y rebeldías. Ti Noel había gastado su herencia, y a pesar de haber llegado a la última miseria, dejaba la misma herencia recibida. Era un cuerpo de carne transcurrida. Y comprendía, ahora, que el hombre nunca sabe para quién trabaja y espera. Padece y espera y trabaja para gentes que nuca conocerá, y que a su vez padecerán y esperarán y trabajarán para otros que tampoco serán felices, pues el hombre ansía siempre una felicidad situada más allá de la porción que le es otorgada. Pero la grandeza del hombre está precisamente en querer mejorar lo que es. En imponerse tareas. En el Reino de los Cielos no hay grandeza que conquistar, puesto que allá todo es jerarquía establecida, incógnita despejada, existir sin término, imposibilidad de sacrificio, reposo y deleite. Por ello, agobiado de penas y de tareas, hermoso dentro de su miseria, capaz de amar en medio de las plagas, el hombre sólo puede hallar su grandeza, su máxima medida, en el Reino de este Mundo."

Alejo Carpentier -  ( Cuba - 1904 - 1980 )

Fragmento de El reino de este mundo.-

martes, 20 de julio de 2010

REGIÓN DE FORTINES

Aquí estamos.
Agrupados los restos.
Abrazados.
Resucitando el fuego.

Devuélveme el susurro de la paz.
Vísteme con la paciencia de la espiga.
Recuérdame el milagro de la palabra.

Prepárame.

Fuera ha quedado lo temible.

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           XXI

Heredarás dolores,
gestos tristes,
el hábito gastado,
el camino difícil.
El viento, siempre el viento
y nada por refugio.

Tendrás los pájaros,
el símbolo de piedra,
las semillas de cielo,
la memoria del vuelo.

- Mírame -
- ¿Ves esto vestido de mendigo? -
- Es el amor -

Trabaja ahora.
con esas manos firmes
modela el fuego contenido.
Quema la zarza.
Funda tu propia fuente.

Despeja el sitio
y anida en meditada ceremonia
tus nuevos sueños,
sobre las dispersas cenizas del olvido.

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             XX

Dijiste:
- No hay nada en esta casa -

Sin embargo,
no deja espacio el viento.

_____________            

M.M. Vendramini - "Mínimos soles" Alción editora - (1999)