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arrib.
lunes, 1 de noviembre de 2010
La inmortalidad
Primer capítulo del libro La Inmortalidad,
de Milan Kundera
"Aquella señora podía tener sesenta, sesenta y cinco años.
Yo la miraba mientras estaba acostado en una camilla frente a la piscina de un club de gimnasia situado en la última planta de un edificio moderno, desde donde se ve, a través de unas grandes ventanas, todo París. Estaba esperando al profesor Avenarius, con el que a veces me reúno aquí pará charlar. Pero el profesor Avenarius no llegaba y yo miraba a una señora; estaba sola en la piscina, metida en el agua hasta la cintura, mirando hacia arriba a.un joven instructor vestido con un chandal, que le enseñaba a nadar. Le daba órdenes: tenía que sujetarse con las manos al borde de la piscina y.aspirar y espirar profundamente. Lo hacía con seriedad, con empeño, y era como si desde las profundidades del agua se oyera el sonido de una vieja locomotora de vapor (aquel sonido idílico, hoy ya olvidado, que para quienes no lo conocieron sólo puede ser descrito como la respiración de una vieja señora que, junto al borde de una piscina, aspira y espira sonoramente). Yo la miraba fascinado. Me quedé absorto en su enternecedora comicidad (el instructor también era consciente de ella, porque le temblaba a cada momento la comisura de los labios), pero después me saludó un conocido, quien distrajo mi atención. Cuando quise volver a mirarla, al cabo de un rato, la lección ya había terminado. Se iba, en bañador, dando la vuelta a la piscina. Pasó junto al instructor y cuando estaba a unos tres o cuatro pasos de distancia volvió hacia él la cabeza, sonrió, e hizo con el brazo un gesto de despedida. En ese momento se me encogió el corazón! Aquella sonrisa y aquel gesto pertenecían a una mujer de veinte años! Su brazo se elevó en el aire con encantadora ligereza. Era como si lanzara al aire un balón de colores para jugar con su amante. Aquella sonrisa y aquel gesto tenían encanto y elegancia, mientras que el rostro y el cuerpo ya no tenían encanto alguno. Era el encanto del gesto, ahogado en la falta de encanto del cuerpo. Pero aquella mujer, aunque naturalmente tenía que saber que ya no era hermosa, lo había olvidado en aquel momento. Con cierta parte de nuestro ser vivimos todos fuera del tiempo. Puede que sólo en circunstancias excepcionales seamos conscientes de nuestra edad y que la mayor parte del tiempo carezcamos de edad. En cualquier caso, cuando se volvió, sonrió y le hizo un gesto de despedida al joven instructor (que no pudo contenerse y se echó a reír), no sabía su edad. Una especie de esencia de su encanto, independiente del tiempo, quedó durante un segundo al descubierto con aquel gesto y me deslumbró. Estaba extrañamente impresionado. Y me vino a la cabeza la palabra Agnes.
Agnes. Nunca he conocido a una mujer que se llamara así."
__________
Milan Kundera (checoslovaquia - 1929) - "La inmortalidad" TUSQUETS EDITORES - 1990 -
jueves, 28 de octubre de 2010
Roberto Raschella - Buenos Aires 1930 -
Niña que dice no
niña de los pies pequeños;
una mueca
de temprana violencia
ya gastó tus mejillas,
como una hebra apenas tejida.
¿Dónde está tu sonrisa
que exhalaba quietud?
¿Dónde están
las vísceras de tus hermanos?
Tan negras también,
como los murales exterminados
de agua estremecida y sutil,
de cerebros y brazos de piedra
sobre la piedra muerta, tan negra
como la extranjera noche
y el pueblo vivido en las orillas.
Mira al mundo ahora, mira,
mundo escarnecido,
tumba de palabras y de cosas.
Mira la ciudad rota por los aceites,
la ciudad que fue
voladero de palomas y dulzura artesana,
la ciudad que lava copas
por la mujer y el hijo.
Mira también la alegría
de los amigos, el escorzo
galopado de follajes
y de luces. Mira la miseria
nueva, la vergüenza de la soledad.
Mira a los jóvenes, ornados
de blanco, frágiles, monstruosos,
devorando el rocío
en la tímida hierba de agosto.
__________
Roberto Raschella - "Tímida hierba de agosto"-Alción Editora 2001 -
'
niña de los pies pequeños;
una mueca
de temprana violencia
ya gastó tus mejillas,
como una hebra apenas tejida.
¿Dónde está tu sonrisa
que exhalaba quietud?
¿Dónde están
las vísceras de tus hermanos?
Tan negras también,
como los murales exterminados
de agua estremecida y sutil,
de cerebros y brazos de piedra
sobre la piedra muerta, tan negra
como la extranjera noche
y el pueblo vivido en las orillas.
Mira al mundo ahora, mira,
mundo escarnecido,
tumba de palabras y de cosas.
Mira la ciudad rota por los aceites,
la ciudad que fue
voladero de palomas y dulzura artesana,
la ciudad que lava copas
por la mujer y el hijo.
Mira también la alegría
de los amigos, el escorzo
galopado de follajes
y de luces. Mira la miseria
nueva, la vergüenza de la soledad.
Mira a los jóvenes, ornados
de blanco, frágiles, monstruosos,
devorando el rocío
en la tímida hierba de agosto.
__________
Roberto Raschella - "Tímida hierba de agosto"-Alción Editora 2001 -
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lunes, 25 de octubre de 2010
No deja espacio el viento.
El sorpresivo roce de una flor
sobresalta la piel.
Detiene el milagro
dentro de su claridad lunar.
En ese ínfimo instante
está el tiempo,
todo el tiempo.
__________
Algo me detiene,
impregna las alas con una melasa oscura.
Son difíciles ahora los pasos,
sólo es posible arrastrarse.
Así estoy segura.
No saltaré, no volaré.
Sólo seguiré con los ojos
la danza del mundo.
__________
Dijiste:
- no hay nada en esta casa -
Sin embargo,
no deja espacio el viento.
__________
M.M.Vendramini.
sobresalta la piel.
Detiene el milagro
dentro de su claridad lunar.
En ese ínfimo instante
está el tiempo,
todo el tiempo.
__________
Algo me detiene,
impregna las alas con una melasa oscura.
Son difíciles ahora los pasos,
sólo es posible arrastrarse.
Así estoy segura.
No saltaré, no volaré.
Sólo seguiré con los ojos
la danza del mundo.
__________
Dijiste:
- no hay nada en esta casa -
Sin embargo,
no deja espacio el viento.
__________
M.M.Vendramini.
viernes, 22 de octubre de 2010
jueves, 21 de octubre de 2010
Fines de octubre
A Susana Stutz
Aun en la ectrema felicidad
nos hermana
la sospecha del miedo.
__________
Sin llamarte llegas
a enceguecer la verdad.
A instalarte en la carne
de puro sueño.
__________
"Este bosque viejo de pronto
enttre los dientes"
Bernard Nöel
El nombre de una calle
la luz sobre una casa blanca
cada vez más alta y más vacía
es todo lo que queda corazón.
Cuídate:
el invierno ya no es breve
puede durar el resto de la vida.
Y ser intenso.
Y solemne.
__________
M.M.Vendramini.
Aun en la ectrema felicidad
nos hermana
la sospecha del miedo.
__________
Sin llamarte llegas
a enceguecer la verdad.
A instalarte en la carne
de puro sueño.
__________
"Este bosque viejo de pronto
enttre los dientes"
Bernard Nöel
El nombre de una calle
la luz sobre una casa blanca
cada vez más alta y más vacía
es todo lo que queda corazón.
Cuídate:
el invierno ya no es breve
puede durar el resto de la vida.
Y ser intenso.
Y solemne.
__________
M.M.Vendramini.
viernes, 17 de septiembre de 2010
domingo, 5 de septiembre de 2010
Poemas de Glauce Baldovin
Glauce Baldovin Aún no sé cómo llegó apesar de todos los años transcurridos.
Se sentó frente a mi.
yo tejía una bufanda con agujas de metal blanco
o de un gris casi blando
y me pidió que siguiera tejiendo.
Quería ver como movía las manos.
Nunca le pregunté por temor quizá a la respuesta
o porque estando con ella era tanto lo que teníamos que hablar
tan sugestivo el silencio,
que ese detalle el por qué , el cómo
perdía importancia.
Lo único que recuerdo
y que se repite a diario
entre esfumado
entre nebuloso
es que las anémonas violetas que llenaban la jarra de plata
se marchitaron de pronto
y los pétalos blanquecinos lilas de ceniza
cayeron a la mesa
al suelo.
Se levanto el velo
que le cubría el rostro
y sus ojos azules, negros de tan azules,
se clavaron en mis ojos.
Nunca más hablamos de ello
pero cuando me dijo
después de haber recorrido toda la casa
de haberce detenido en los rincones, en las colchas, en los espejos
"Yo soy tu soledad"
nos abrazamos entre llorando y riendo
nos acariciamos la cabeza
y fue el momento mas tierno del que tengo memoria.
__________
Vuelvo temprano
Ella me aguarda leyendo el destino en las h ojas de te
bordando paneles con pajaros rosados.
A veces calla
y espera que sea yo quien hable de las últimas lluvias
de la revolución que avanza.
A veces habla.
Como una bruja que dice que hice en el día
en la noche
y por qué lo hice
A veces callamos las dos
descorremos las cortinas
y miramos en el horizonte no sé si el pasado o el futuro.
Glauce Baldovin - El libro de la soledad 1989 - (Ediciones Argos-Córdoba)
Tomado de:La sangre en el ojo - Noviembre 12, 2007.-
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