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arrib.

viernes, 12 de marzo de 2010

Las ciudades invisibles - Italo Calvino

Marco entra en una ciudad; ve a alguien vivir en una plaza una vida un instante
que podían ser suyos; en el lugar de aquel hombre ahora hubiera podido estar 
él si se hubiese detenido en el tiempo tanto tiempo antes, o bien si tanto tiempo
antes en una encrucijada en vez de tomar por una calle hubiese tomado por la
opuesta y después de una larga vuelta hubiese ido a encontrarse en el lugar de 
aquella plaza. En adelante, de aquel pasado suyo verdadero e hipotético está
excluido; no puede detenerse; debe continuar hasta otra ciudad donde lo
espera otro pasado suyo, o algo que quizá había sido un posible futuro y
ahora es el presente de algún otro. Los futuros no realizados  son sólo 
ramas secas. - ¿Viajas para revivir tu pasado?- era en es momento la pregunta del Kan, que
podía también formularse así: ¿Viajas para encontrar tu futuro?
Y  la respuesta de Marco: - El allá es un espejo en negativo. El viajero reconoce
lo poco que es suyo al descubrir lo mucho que no ha tenido y no tendrá.

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Marco Polo describe un puente, piedra por piedra.
- ¿Pero cuál es la piedra que sostiene el puente? - Pregunta Kublai Kan.
- El puente no está sostenido por esta o aquella piedra - responde Marco, sino por 
la línea del arco que ellas forman.
Kublai permanece silencioso, reflexionando. Después añade:
-¿Por qué me hablas de las piedras? Es ólo el arco lo que me importa.
- Polo responde: -Sin piedras no hay arco

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 El gran Kan estaba ya en sus mapas de las ciudades que amenazan en las 
pesadillas y en las maldiciones ... 
Dice: -todo es inútil, si el último fondeadero no puede ser sino la ciudad infernal,
y allí en el fondo es donde, en una espiral cada vez más estrecha, nos sorprende
la corriente.
Y Polo: El infierno de los vivos no es algo que será; es aquel que existe ya aquí, 
el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. 
Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera esfácil para muchos: aceptar
el infierno y volverse parte de él hasta el punto de no verlo más.
La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos; buscar y saber
reconocer quién o qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar y 
darle espacio.-


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Las ciudades invisibles,
Italo Calvino, Minotauro, 1995.-

1 comentario:

Cele dijo...

me gustó el último fragmento... te lo robo!!!